Desde La Diáspora, Por Una República Dominicana Libre de Racismo (y Corrupción)

Manifestación en Parque Duarte. Imagen via Matías Bosch.

Por Amanda Alcantara

Llevo varios días tratando de escribir una nota en solidaridad con la protesta que se llevó a cabo hoy en el Parque Duarte, pero no me sale. Es como si el cuerpo no supiera ya como reaccionar.

La protesta fue en contra del racismo y la discriminación en la Republica Dominicana, ya que hoy es el Día Internacional de la No Discriminación Racial. Vivo en la diáspora desde hace ya 11 años, pero no renuncio desde aquí a mis raíces dominicanas, mucho menos sabiendo que demasiados nos vamos precisamente por las condiciones socio-económicas que existen en RD. Vivo en la diáspora, y por lo que digo aquí, ya por eso me van a decir que no soy dominicana, sin embargo el emigrar, específicamente a los Estados Unidos, es una experiencia que viene definiendo la Dominicanidad, la economía dominicana, y la cultura popular desde el siglo pasado, cuando comenzaron a llegar los dominicanos durante la primera invasión americana.

La campaña racista que se está propagando por las redes sociales y los pueblos dominicanos en verdad no tiene nombre. Me enviaron un video de un gringo pintado de negro haciendo una burla al tema dominico-haitiano. Me enteré de que van a prohibir el Gagá en San Pedro de Macorís durante la semana santa. Y el nieto de Trujillo está tratando de borrar la historia al postularse como presidente…y aunque no está dominando las encuestas, demasiados lo están apoyando. Ya estoy harta. El que se quiere sanar, tiene que querer hacerlo desde adentro. Y está claro que demasiados en el pueblo dominicano se tragan las mentiras del gobierno y no les interesa sanarse—no les interesa salir adelante partiendo desde prácticas que promuevan el amor. Y si, así de cursi. Digo amor.

Según un artículo en una publicación llamada El Tiempo, “La ‘mentalidad de manada’ es una teoría que ilustra que los seres humanos pensamos y actuamos como un rebaño de animales, donde perdemos nuestra capacidad de pensar como individuos y seguimos ciegamente al resto del ‘grupo’, así sea al borde de un precipicio.” Es muy fácil dejarse llevar por la mentalidad de odio, pero lo que se ve ahora mismo con lo que ocurre en Pedernales y los comentarios que veo en internet, nos denigra la humanidad; renunciamos a nuestra humanidad cuando nos dejamos llevar por la mentalidad de manada.

Quizás por eso mi cuerpo no ha sabido reaccionar.

Quizás hasta estamos inmunes a lo que el odio anti-negro y racista hace en nuestros cuerpos, siendo sobrevivientes nosotros mismos del colonialismo, la esclavitud, y el racismo que se ha dirigido contra nosotros durante la historia, ya sea por parte de intervenciones americanas, por parte de Trujillo (quien también prohibió el Gagá), o por parte de gobiernos más recientes quienes siguen usando al inmigrante o descendiente de inmigrantes haitianos como el chivo expiatorio que distrae al pueblo cada vez que se encuentra en la víspera de una lucha coherente y con capacidad de liberarnos de las riendas de la élite dominicana. Digo esto porque no es casualidad que esta campaña xenofóbica surge con fuerzas renovadas justo cuando la Marcha Verde se viene formalizando.

Mientras tu apuntas al vecino haitiano, el mismo gobierno está vendiendo al país en pedacito mientras a la vez destruyen nuestra tierra (o ya se olvidaron de Punta Catalina?). La Republica Dominicana es uno de los países más desarrollado del Caribe, sin embargo esas riquezas no llegan al pueblo, y nos distraen apuntando al haitiano diciendo que tiene la culpa. Según he visto, los inmigrantes de Haití no se están haciendo ricos. Al mismo tiempo, mientras apuntan al haitiano, le quitan la atención a otros temas de urgencia, desde los hospitales donde se sufre de falta de recursos, hasta los casos de feminicidio que no tienen fin. El conservadurismo en la Republica Dominicana se ha vuelto una plaga que opaca las problemáticas que tenemos como pueblo, al apuntar hacia el individuo—ya sea a la mujer por ser asesinada, al pobre por no tener educación, o en este caso al inmigrante. Y quieren decir que no se trata de racismo pero los Estados Unidos nos invadieron dos veces (una real invasión), pero el dominicano no se queja de la anglofonización del país. Se queja del indocumentado negro que trabaja, pero no del indocumentado gringo que compra tierras para explotarlas. Es obvio que es racismo.

Mira, no es una vaina normal tener tanto odio. Sencillamente no lo es.

Invito a cada quien a que busque dentro de sí para ver si todavía encuentran algún trazo de esa humanidad que tanto les gusta promocionar cuando hablan de que el dominicano es “acogedor” “alegre” y buena gente. Hacer el trabajo de sanación desde adentro es difícil. Pero es necesario para que podamos aplicar lo de buena gente a todos. Según dicen, ser bueno todo el tiempo significa disponerse a dejarse coger de pendejo, pero al entregarnos a la xenophobia, estamos siendo buenos con la elite, con el gobierno, y dejándonos coger de pendejos precisamente por ellos.

El dominicano quiere que se acabe la violencia y la corrupción, sin embargo se deja corromper su propia humanidad. Su propio espíritu. Ya está bueno de dejarnos usar como títeres por una agenda divisora.

Desde la diáspora, me uno en solidaridad con mis hermanas y hermanos quienes están en protesta hoy. Tan solo espero que el resto del pueblo, aquí y allá, despierte y haga lo mismo.

 

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